Barrio Moscardó
Sergio Galarza
Candaya, Barcelona, 2025
Sergio Galarza ha escrito un libro honesto, necesario y conmovedor. Aunque por el título, la contraportada y la promoción, haya un énfasis en la vida de barrio o la comunidad vecinal, que se está perdiendo, la causa es el tema nuclear: el encarecimiento de la vivienda, tema de preocupación número uno de los españoles, o lo que viene a ser lo mismo, el ensanchamiento de la brecha social. Como trasfondo de aquello están la filialidad y la paternidad.
El precio de la vivienda, estrechamente relacionado con la zona en la que uno vive, marca el destino que les toca a los hijos. El autor pone en contraste su pasado limeño y el Madrid de hoy para exponer su condición de hijo, primero, en la capital peruana, en el barrio de Los Sauces, y después, ya como padre que reconstruye su vida tras divorciarse, en el barrio Moscardó, de Madrid, en el que dará un nuevo hogar, y a ser posible, un barrio, a sus hijos: “sé que siempre defenderé la vocación callejera de mis hijos. Que sean libres como lo fui yo, pero que sepan volver a casa y menos estropeados que su padre. Un niño sin calle da más pena que las bestias del circo en sus jaulas.”
Con una prosa impecable y una inteligencia luminosa, Galarza apunta a la vida de barrio para revelar lo que se esconde detrás de las apariencias, tanto entre los vecinos como en el seno de la familia. Asimismo, hace un recorrido por los terremotos políticos que marcan la vida de una sociedad y van configurando su idiosincrasia —sus prejuicios, sus complejos, su escala de valores y antivalores— lo que uno adquiere como adquiere su lengua, y que luego lleva consigo en la maleta al emigrar, persiguiendo una vida mejor.
Es aquí donde la literatura cobra relieve, ya en el arranque se nos informa que el narrador fantaseaba “con vivir en el extranjero como Ribeyro, escribiendo mis primeros cuentos”. La experiencia literaria es una constante a lo largo del libro, como herencia de un tenaz empeño de sus progenitores por brindar a sus hijos un bagaje cultural, con una nutrida biblioteca, a la vez que una buena educación en un colegio privado, dos verdaderos privilegios en un Perú que en la década de los ochenta ha entrado en colapso.
Pero así como Galarza repasa escritores que conforman la base de su formación literaria —Ribeyro, Ciro Alegría, Vargas Llosa, Martín Adán, Cronwell Jara, y muy especialmente Oswaldo Reynoso, con quien hay una deuda de discípulo a maestro— también nos habla de historia, de urbanismo, de arquitectura, de periodismo, de música, de la pasión por el fútbol y de violencia, ya sea política, criminal o terrorista. Hay un rigor en el aporte de datos que además de amenos, son curiosos, divertidos, paradójicos y sobre todo oportunos, por esa ambición de brindar una visión compleja de la realidad que, de todas todas, nos enriquece.
El pasado como un mal trago pero al mismo tiempo como escuela, como el colegio de curas españoles en el que uno se ganaba el respeto a puñetazos, Barrio Moscardó comparte una memoria que rescata de la inconformidad los instantes felices, la gloria, la gratitud y la entereza para enfrentarlo todo. Un libro imprescindible para los latinoamericanos que han recalado en España y para los españoles que conviven con ellos, que seguramente son todos. EEU