Estación Saturno
Fernanda García Lao
Candaya, Barcelona 2025
Estación Saturno se compone de fragmentos, de escenas que sintetizan momentos, instantes, emociones, sensaciones, alucinaciones, cada uno lleva un título —“Lo que se frota”, “Lo que genera angustia”, “Lo que huele distinto”—, su extensión no rebasa un puñado de líneas y conforman tres capítulos: “Superficie en duelo”, “Luz destino incierto” y “Emanación sin tiempo”. En cuanto al estilo, se trata de una prosa lírica que se entremezcla con el habla cotidiana, a la par que se narra la historia en presente el pasado lejano e inmediato nos llega como piezas de un puzzle por armar. Desde el principio se advierte cuánto se tensa el lenguaje para alcanzar una verdad escondida, una intención oculta, un detalle cargado de sentido: “Con sangre en la boca le parece más humana”, “Se afila las uñas en el asiento con discreción. No quiere ser abandonado”. “A la hermana le parece que el campo tiene voz, una voz áspera producto del tartamudeo animal, los graznidos, el chapoteo.”
Estación Saturno se constituye como una estancia en no-lugares -la carretera, una estación abandonada, el hotel Tianqi, una especie de Aleph erotizante, donde el tiempo y el espacio sitúan a los protagonistas en la antesala de un porvenir desconocido.
Se trata de una hermana y un hermano que acaban de enterrar a un tercer hermano, cuyo gato, único heredero, acaban de perder. “Ella tiene la muerte clavada en la mitad de la cara”. “El gato conserva la imagen del muerto, las piernas fracturadas y las gafas de sol intactas, a pesar de la caída”. La búsqueda traza un recorrido por un paisaje insólito, un lago, el escenario de muertes pasadas, el campo, un hotel regentado por inmigrantes chinos, que hace las veces de parque temático erótico, sexual, astrológico, ufólogo, una experiencia que parece llenar el vacío de una tierra inhóspita, apartada, olvidada, de un pasado que alguna vez auguró un futuro promisorio, pero el cordón umbilical que lo conectaba con el mundo —la estación de tren— le fue amputado.
Estación Saturno es a la vez un relato de viaje —una escapada prácticamente— y un experimento literario, cuyos alcances perduran en la mente tras la lectura, como ecos que siguen buscando pasajes secretos, atajos, hacia el pasado, hacia el interior de nosotros mismos. La realidad más concreta sin ficción resulta desvalida, insuficiente, inmaterial, y todo ello en cierta forma, deja un sabor inquietante. EEU