viernes, 20 de abril de 2012

"Nietzsche" Maximilien Le Roy y Michel Onfray




Nietzsche
Maximilien Le Roy y Michel Onfray
Sexto Piso, Madrid 2011

Estaba leyendo Así habló Zarathustra, que encontré a un precio irresistible, cuando me topé con la promoción de este ejemplar; inmediatamente solicité a la editorial reseñarlo, entusiasmado con la vigencia de la filosofía nietzscheana y en especial con su lado poético, del cual parece emanar gran parte de su rotundidad y alcance. Las alegóricas parábolas de ese errante profeta incomprendido, que afronta con entereza su incapacidad de salvar a todos para concentrarse en solo unos pocos, nos hace preguntarnos si acaso en lugar de los elegidos, no seremos más bien el rebaño.
Una obra maestra de una vigencia tal que uno siente como vergüenza de que no hayamos superado para nada los males que Nietszche vio venir, y que por el contrario, estemos tan inmersos en todo aquello que nos distancia de la felicidad.
Esta novela ilustrada se basa en la biografía del filósofo alemán escrita por Michel Onfray. La adaptación de ese material  por medio de ilustraciones, caracterizaciones, color, es ingeniosa y sútil. La estructura es lineal aunque si bien la biografía comienza con Nietzsche ya enfermo, ignorante del éxito de sus libros, de tal modo que la narración se presenta como la mirada del propio Nietzsche hacia su pasado, pese a la enfermedad y la locura no hay rastros de alucinación. Sin embargo el libro está contado con acierto, por ejemplo el padecimiento en silencio de la sifilis, algo que no está demostrado pero que si ocurrió, dado su estigma social -Vargas Llosa la llama "la enfermedad impronunciable" en El paraíso en la otra esquina- debió ocurrir efectivamente a puerta cerrada. Otro aspecto interesante es mostrar sus hallazgos filosóficos, que devendrán en libros, a través de diálogos, de modo que ellos resumen las ideas centrales y cómo debido a la experiencia vital anterior ha llegado a ellas; vida y obra, pues, inseparables. Por ejemplo, el momento de la explicación a Lou Andreas-Salomé del argumento de Así habló Zarathustra en la Basílica de San Pedro, bajo La piedad o el monumento al papa Pío VIII. Curiosamente el de Roma es el único cielo azul en toda la obra. Lo único que, personalmente, no me acaba de encajar es la representación del personaje de Zarathustra, que recuerda más a un Peter Tosh postmoderno que a un profeta. Como decía, se narran los momentos clave de su vida, la muerte de su padre, cuando él era un niño, su llegada a la enseñanza universitaria con tan solo 24 años, el descubrimiento de Schopenhauer, su distanciamiento de Wagner, las estrecheces económicas, los problemas con su hermana, la marginación de la élite cultural, el amor por Lou Andreas-Salomé, el fracaso y la superación amorosos, la enfermedad, y en medio de todo, sus libros.

Una novela que propone unos colores, unos decorados, unas imágenes, que bien podrían adornar algunas tapas de sus libros, porque lo que parece darles vida es la propia filosofía niestezcheana, colores tenues, pero fuertes, colores orgánicos, de ocasos, de atardeceres, de grandes paisajes, de ciudades poco iluminadas, el aire de la época respira en los dibujos, y ¿por qué no?, el pesar de nuestra decadencia, aquella que uno de los grandes precursores del siglo XX llegó a vislumbrar, advertir, denunciar; a esa obra llena de verdad, a nivel personal, íntimo, doméstico, más allá de lo académico, no le hemos prestado la debida atención. https://twitter.com/#!/escobarulloa



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