jueves, 28 de junio de 2012

"Entreguerras" de J.M. Caballero Bonald



Entreguerras
J.M Caballero Bonald
Barcelona, Seix Barral, 2012

Hay un aspecto ineludible ya no solo de este libro, sino del poeta, el de concebir la poesía como una forma de vida, de modo que al mismo tiempo que surge de esta, la nutre, la guía. Sinceramente siento que es una tarea ingrata reseñar este libro, porque justamente su propósito, el de escribir unas memorias en verso -prefiero este término al de autobiografía- en gran medida se consigue, y el libro se vuelve inaprensible, disperso, inconexo, raro, en ocasiones, cansino, y en estos momentos, principalmente, es cuando de pronto vuelve a sorprender con un gran verso. Los mejores suelen ser aquellos que desentrañan una verdad, que parecen literalmente desenterrarla, de manera que la poesía se presenta también como un método de conocimiento. Y sin duda que solo gracias al lenguaje poético se llega a estas revelaciones, valiéndose de una amplísima gama de recursos, de un rico vocabulario, y sobre todo de paciencia para forjar con palabras aquellas sensaciones a veces rudimentarias de la vida diaria y convertirlas en una reflexión inteligente; ejemplos sobran: "soy el que fui cuando empecé a no saber lo que estaba haciendo", "que aún es posible corregir desde el presente el curso del pretérito", "esa promiscuidad del tiempo donde finge el azar sus tercerías", "soy aquel que aceptó ser derrotado con tal de no pecar de victorioso", "maldita sea la historia/que no aminora nunca sus pertrechos de enconos/ embelecos falacias/ se turbio registro de dictámenes que no son más que formas vengativas." Y podría seguir extrayendo ejemplos como estos toda la noche. Aunque Entreguerras no sigue un hilo argumental, los quince capítulos se dedican cada uno a un tema y eso queda meridianamente claro. Siempre hay momentos en los que el lector no debe tratar de "entender", la poesía de Caballero Bonald es a veces críptica, y como la de su admirado Góngora, esconde varias lecturas, pero esas otras lecturas que podrían escapar a quienes podrían no ir dirigidas, no tienen un propósito sectario, gremial, de contraseña, todo lo contrario, la parte autobiográfica, más íntima y personal, logra llegar al lector de manera que este, con libertad, pueda sacar de ella su propia interpretación y hacer de la lectura, de cada una de ellas, una lectura única, individual, intransferible. Ya en "Anotaciones de un viajero de paso", el prólogo a Summa Vitae, antología poética de Caballero Bonald de Jenaro Talens, leemos: "en la propuesta de Caballero Bonald nos encontramos con un modus operandi en el que la anécdota de la que parte el escritor (vivida, imaginada, leída o escuchada a un tercero, tanto da) funciona como si fuese el andamio en el que aquel se apoya para levantar su edificio y, una vez este en pie, se procede a desmontar las piezas, barras y tablones por innecesarios, dejando al lector solo frente a la obra, sin un libro de instrucciones para adentarse en su interior Y de hecho es ese desconcierto del visitante que no sabe qué territorio se va a recorrer, ni en qué orden, ni para llegar adónde, lo que constituye, a mi modo de ver, el mayor atractivo de la poesía del autor". Esta misma sentencia vale para Entreguerras, que goza de la fuerza de de una obra completa que a su vez nos invita a releer, yo lo he hecho estos días con Descrédito del héroe y Laberinto de Fortuna (Visor) o Manual de infractores (Seix Barral) y la Summa Vitae (Circulo de lectores) No veo por qué añadir lo que ya está en la nota del autor o resumir el argumento de cada parte o del conjunto, lo mejor es que lo hagan por ustedes mismos. Léanlo, imítenlo, aprendan, disfruten. EEU
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