Lxs niñxs de oro de la alquimia sexual
Reseña y extractos
Me topo con la novela Lxs niñxs de oro de la alquimia sexual de la escritora peruana Tilsa Otta en una estantería de Librerío en su fiesta de despedida, allá en Sabadell. (Por cierto, los libros estaban organizados por países). La hojeo entre copa y copa y algunas líneas me capturan. Me lo llevo y en casa lo termino días después. La trama es sencilla, Cristy empieza a tener lo que llama “orgasmos premonitorios”, momentos de éxtasis sexual en los que Dios le revela imágenes en forma de hologramas. Cristy podría ser un trasunto del mito griego de Casandra, cuyo castigo es el de que nadie crea las profecías que Apolo le ha permitido vaticinar. Pronto empieza a recopilar esas visiones en un cuaderno que será “una investigación entre el sexo y el más allá”.
Una investigación de unas experiencias entre lo místico y lo sexual, en el convencimiento de la monogamia, sin excluir escarceos fuera de ella.
Cristy cree en el amor como chispa que enciende el deseo. Leo, su pareja, es, al mismo tiempo, una fuente de intriga. “Me pregunto qué preguntas se hace, si es posible que no piense en ello en absoluto.” Las epifanías a su vez tienen algo de sacrílego que preocupa al entorno familiar. Su madre, de hecho, le saca una cita con un sacerdote. La novela como relato de lo que ocurre en la trastienda de la pareja, de la sociedad, del mundo de apariencias que es el de la convivencia social. Un relato sobre las pulsiones acalladas, refrenadas, los deseos que desestabilizan o cuestionan el orden. Una investigación acompañada de experimentación, a través de diferentes disciplinas, corrientes filosóficas —energía kundalini, el tantra, el yoga, el taoísmo— en la indagación de esas pulsiones, con la meta de entender la naturaleza humana.
“Y si veo el futuro cada vez que llego al orgasmo, ¿cuál es mi rol?”
Hay una insuficiencia, una carencia o un vacío producidos por la vida moderna; los avances tecnológicos y el positivismo en el que nos hallamos inmersos explican el interés por otros acercamientos ajenos a lo institutional: “no me interesa la validación de la comunidad científica, esto es para mí y lo haré a mi modo. ¿Voy a transformar mi experiencia vital en una pseudociencia para mi propio estudio? Pues parece que sí. ¡Allá voy!” Una historia narrada con soltura, sin tapujos, con un lenguaje sincero, muy cercano, Tilsa Otta logra lo más encomiable en esta cautivante novela. EEU
A continuación publicamos un extracto
17. Bi-curiosidad profesional
Ahora, mientras estoy cogiendo con Leo, las ideas esotéricas de complementariedad de los opuestos empiezan a sonarme conservadoras, dominantes y excluyentes. Shiva y Shakti, el lingam y el yoni, la serpiente y el loto… hasta me da vergüenza haber apelado a ese argumento para interesar a Leo en mi investigación. Si los de Cosmos me escucharan hablar así… con todo el rollo inclusivo que manejamos en nuestro espacio. No llego al orgasmo esta vez por pensar en tantas cosas. Leo parece un poco molesto y no le falta razón. Se va a su lado de la cama y se duerme. Yo sigo pensando en el funcionamiento de la magia sexual, ¿es realmente como un sistema electrónico que se acciona con polaridades opuestas? Como defensora de los derechos LGTBIQ no puedo concebir la existencia de un don natural humano que deje fuera a algunos compañeros.
3 a.m. Sin duda esto califica ya como insomnio… y es que estoy tratando de formular teoremas energéticos basados en otros principios físico-químicos; después de todo, estudié cuatro semestres de ingeniería química en la universidad. Siento que es muy relevante la tarea que me he impuesto. De pronto, en pleno amanecer, la turbulencia de mi mente se despeja y el sol ilumina poderosamente una hipótesis fascinante que no había considerado: si la combinación de mi energía sexual con la energía sexual opuesta (masculina) da como resultado el futuro, la unión de mi energía con una energía homóloga (femenina), ¿con qué dimensión me confrontaría? ¿Con el pasado? Si nos ponemos en plan binario-occidental, la antípoda del futuro es el tiempo anterior, pero ¿cómo podría saber si las imágenes del pasado que me fueran reveladas durante el orgasmo homosexual habrían ocurrido en efecto? ¿Tendría que sumar a esta labor de investigación y comprensión de mi proceso actual una de detective de eventos históricos previos? ¿O la visualización correspondería a mi propia vida? ¿Sería un flashback a mis vidas pasadas, mi más tierna infancia, mis días en el útero materno? ¿O al pasado de ella? Pero… ¿quién es ella? ¿Quién sería? ¿Debería saberlo ya? ¿Y si lo descubro durante un coito con Leo? ¿Haciendo el amor con Leo tendré visiones de “la otra”? ¿Leo me presentará sin saberlo a la persona con quien le sería infiel? Digno de telenovela. Aunque no somos tan radicales con la monogamia, desde que nuestros orgasmos se pusieron sobrenaturales cuidamos más nuestras energías. No queremos que nos pase algo que debería quedar en el terreno íntimo de máxima seguridad en compañía de alguien que no esté a la altura del milagro. Confío en que ella lo estaría. Debería hablarle a Leo de ella, pero… ¿en qué momento decidí acostarme con una mujer? Ahora que lo pienso, fue en este preciso momento, en el presente andrógino.
18. Poca tolerancia al alcohol
Salió el sol y me siento muy contenta. Como un helado de limón en medio de la plaza, justo en el centro. Llevo puesta una falda azul de jean y estoy pelirroja con una cola alta (ayer me teñí el pelo de rojo). Me nació de repente, fui a la peluquería que está a la vuelta de mi casa y escogí el tono con la estilista. A Leo le encanta.
Estoy esperando a María Elena, mi maestra de yoga. Observo un árbol hermoso, rodeado de vendedores ambulantes de grandes globos inflables que representan personajes icónicos del imaginario infantil como Dora la exploradora, minions, Peppa pig y algún pony rosa encendido. Creo que es una araucaria, la recorro con la mirada y siento placer y bienestar gracias a ciertas cosas que me comunica entre los rayos solares. El día está fresco. El nuevo color de mi cabello es rojo cobrizo.
– Hola -me saluda María Elena-. Estás parada exactamente en el medio de la plaza.
Reímos e intercambiamos besos.
-¡Me encanta tu pelo!
-¡Gracias! ¿Cómo estás?
-Bien. Tienes algo… -señala mi barbilla y temo haber derramado la sustancia tornasol de las revelaciones. Palpo la zona indicada, siento algo cremoso… uff, es solo helado.
Me limpio con la servilleta que envolvía el cono. Me pone un poco nerviosa hablar con ella desde que se me ocurrió que podría ser la indicada, no sé cómo seducir a una mujer.
-¿Quieres sentarte aquí o vamos a tomar algo? –sé que es un recurso muy fácil pero unas copas siempre ayudan a los cobardes.
-Mmm… no puedo beber mucho porque mañana dicto a las ocho. Tengo dos clases seguidas… pero una chela puede ser.
Vamos a un bar nuevo que vi en el camino, nos cuesta elegir una mesa. María Elena habla bastante sobre sí misma, con solo un vaso de cerveza está notoriamente más desinhibida y expresiva. La motivo a continuar pues su forma de pensar me resulta muy interesante, inclusive intento retener algunos pasajes de su vida que considero lecciones que algún día aplicaré. De pronto se distrae por un hombre que, desde otra mesa, le hace un gesto de saludo. Supongo que no lo conoce porque lo ignora y regresa a mí.
-¿Y tú?
-¿Qué?
–Cuéntame de ti, ¿cómo estás? ¿Cómo te está yendo?
No sé bien por dónde empezar. Después de unos rodeos de naturaleza técnica respecto a la pregunta que debo responder, intento hacer una exposición atractiva y amena sobre las reflexiones que ciertos sucesos extraordinarios me suscitaron. Hay un par de momentos de risa y otros de prudente silencio de su parte. Es la primera vez que alguien me dice:
-Deberías buscar un terapeuta especializado en psicología fenomenológica.
-Prefiero aprender de personas como tú, explorar en mí misma, en mis sentidos y mi percepción.
-Sí, ese es otro camino. Según la filosofía hindú, podemos ver a través del tercer ojo o Ajna con los ojos del alma. El yoga te ayuda a ejercitar ese chakra para ver la verdad tal cual es sin que la mente se interponga con sus miedos y espejismos. No dejes las clases.
-Sí, no las pienso dejar. ¿Pido otra cerveza?
-Mejor no. Ya me tengo que ir, estoy un poco cansada.
-¡Pero son las cinco!
-Es que no suelo beber. No me cae bien –se excusa apenada. Y, ciertamente, puedo ver sus párpados caídos, su nivel de energía ha descendido de modo alarmante en los últimos quince minutos. No fue una buena idea, debí imaginarlo. Sin embargo, se ve muy linda, aún agotada, me gustaría tanto que se fije en mí.