lunes, 22 de abril de 2013

lunes, 25 de marzo de 2013

Mathias Énard. "Calle de los ladrones"

"Una de las dificultades de hoy día es encontrar una nueva forma de luchar" Entrevista a Mathias Énard por su novela, "Calle de los ladrones" Vídeo en http://www.canal-l.com

Entrevista de Ernesto Escobar Ulloa  ©  2013

lunes, 18 de marzo de 2013

"Cuentos de muerte y demencia". Edgar Allan Poe



Cuentos de muerte y demencia
Edgar Allan Poe
Ilustraciones: Gris Grimly
Traducción: Iñigo Jauregui
Nórdica Libros, Madrid, 2013

Ya Coleridge, uno de sus precursores, había vaticinado con sentido profético en Biographia literaria (1817) el peligro de evaluar la obra a partir de la mitología personal del autor, algo que indiscutiblemente ocurre con Edgar Allan Poe. Obra y leyenda rozan el sincretismo, la primera ha sido interpretada y tergiversada muchas veces a partir de la segunda, sobre la que los vacíos y las especulaciones no han cesado hasta hoy. En cualquier caso, más allá de las pasiones que el personaje suscita, la obra legada por Poe a la posteridad alcanza en términos de influencia un número incalculable de creadores, posiblemente en todas las artes conocidas. Su vigencia consigue surcar el tiempo y en cada época adoptar una nueva lectura. Este libro es un buen ejemplo de ello y lo que digamos de su vigencia es lo que realmente nos interesa. Primero decir que el volumen es la versión en español, traducida por Iñigo Jáuregui, de la edición americana Tales of death and dementia, del año 2009, ilustrada por Gris Grimly. Juan Gabriel Lópex Guix, también traductor contemporáneo de Poe, advirtió en la edición de La mascarada de la Muerte Roja (Alpha Decay, 2009) la "poderosa tutela baudelairiana" a la hora de traducir a Poe, así como "la magnética influencia" de Carles Riba y Julio Cortázar. Iñigo Jáuregui aporta una versión distinta de la del argentino. Más allá de comparaciones, lo que sí parece evidente es que cuando leemos la de Cortázar leemos a Cortázar. La maquetación propone un diálogo entre texto e imagen y la traducción de Jáuregui es capaz de conservar el ritmo y preservar cierta sequedad que vienen bien con las ilustraciones. La de Córtazar es quizá más cálida, más cercana, y habría sido otra historia conjugar Cortázar y Poe, en tal caso Grimly habría pasado a segundo plano.



Tanto la traducción como las ilustraciones son a su vez un modo de actualizar la lectura de Poe. Grimly, que es un artista gráfico de renombre, ha sabido interpretar a Poe en clave tragicómica, grotesca, sádica e infantil. Sus criaturas, su histrionismo, su patetismo armonizan a la perfección con los personajes del bostoniano. En "El corazón delator" la tenacidad atormentada del protagonista, sus cambios repentinos entre el cálculo y la pérdida de control están perfectamente retratados. Se advierten incluso en la elección de los colores las dos partes del relato, la primera descriptiva, más lóbrega, y la segunda, que pasa a la acción, de fuertes tonos naranja. Se trataría del retrato de un psicópata, la semilla de una larga tradición cuyo ejemplo postmoderno más destacado sería American Psycho. En "El sistema del doctor Tarr y el profesor Fether" Grimly hace aportes al contenido con elementos afines al gótico para enseguida recrear el carácter humorístico y ligero del relato. Seguidamente se toma el trabajo de dar vida a cada uno de los personajes que van desfilando para representar sus diferentes tipos de demencia. Se ha dicho que aquí Poe se burló de quiénes lo acusaban de loco, sugiriendo que los que parecen cuerdos pueden ser los verdaderos dementes. El protagonista, Monsiuer Maillard, sentencia: "Un loco puede "calmarse" como decimos nosotros, por un tiempo, pero al final es muy probable que empiece a alborotar. Su astucia, además, es proverbial. Si tiene un plan en mente, oculta su propósito con gran sutileza, y la habilidad con que se finge cuerdo plantea uno de los problemas más singulares en el estudio de la mente". La profundidad psicológica vuelve en el siguiente relato, "La caja oblonga". El pintor, Cornelius Wyatt, oculta tras su excentricidad de artista, un doloroso secreto. El narrador lo observa con detenimiento. Pero no descubrirá hasta su trágico final que sus deducciones iban mal encaminadas. La ilustración que decora la última página subraya el lado patético del relato. El cuarto cuento es una obra maestra del terror: "Los hechos del caso del Sr. Valdemar". Se ha hablado de su gran influencia en el terror contemporáneo, en el cine gore por ejemplo. Intuyo sus huellas incluso en la obra de Lovecraft, Hitchcock. El componente pseudo científico es rescatado por Grimly con gráficos de anatomía, cráneos, cuerpos, órganos. Sin embargo el aspecto macabro supera largamente las ilustraciones. Finalmente la figura de Poe se realza al cerrar el libro. Se trata de un ejemplar bellísimo, de tapa dura, que huele que embriaga y da gusto sacar de las estanterías. Un argumento sólido contra el libro electrónico. Si Poe consiguió trascender el gótico, inspirar el simbolismo francés, el decadentismo inglés, ser una gran influencia para las vanguardias y el gótico sureño, el cine de terror, la ciencia ficción, la novela policial, etc., no es de extrañar que al leerlo más que rastrear su vigencia comprendamos más bien que si vemos el mundo como lo vemos en gran parte es gracias a él. En una sociedad como la nuestra, arrasada por el capitalismo salvaje, de cuyas neurosis ya había hablado Freud; el terror goza de una excelente salud -el cine de vampiros, el auge del black metal- pero su verdadera calidad dependerá de una buena lectura de los clásicos, que no dejaron de lado las emociones ni la profundidad psicológica, en ese sentido Poe nos habla de tú a tú. Ernesto Escobar Ulloa  ©  2013



Ilustraciones: Gris Grimly  ©  2009

jueves, 7 de marzo de 2013

"Mejor que ficción". Jorge Carrión (ed.)

Mejor que ficción
Crónicas ejemplares
VV.AA.
Jorge Carrión (ed.)
Anagrama, Barcelona, 2012

En una primera lectura elegí aquello que me sonaba, me era familiar o que conocía. Me equivoqué al creer que disfrutaría menos con lo que quedaba del libro. De la ambición del proyecto sale largamente beneficiado el lector. Las antologías están condenadas a quedar incompletas, han de resignarse a cumplir un papel referencial, a complementarse junto a otras. Mejor que ficción sin embargo intenta abolir la sensación de insuficiencia con una buena dosis de crónicas, todas ellas magistrales, al tiempo que representativas. ¿Y representativas de qué? De muchas cosas, primero, de la crónica como oficio de primer orden, a su vez periodístico, a su vez literario. Ya lo dice Carrión en la nota, que no pretende ser "una antología de carácter canónico, sino un catálogo de la multiplicidad de propuestas de no ficción de la literatura hispanoamericana contemporánea". Atención al "no ficción de la literatura", idea sobre la que se centrará en un interesante prólogo. En ese sentido,  el resultado es de una rebosante generosidad, en información, en placer estético, estilo, profundidad, visión. La antología es representativa en segundo lugar porque al abarcar veintiuna crónicas de ambos lados del Atlántico aúna autores de diferentes países, cada uno reconocido dentro y fuera del suyo, y aunque jóvenes la mayoría, su bibliografía en todos los casos ha fructificado por lo menos en una antología personal. En este aspecto se desbarata también la idea de que es únicamente la crónica latinoamericana la que pasa por un buen momento. Tal vez ni la latinoamericana ni la española pasen por un buen momento en términos mediáticos, los espacios llevan años acortándose, suprimiéndose, desapareciendo. Los presupuestos de los medios se estrechan o no existen, la confianza en que las columnas se lean, atraigan o valga la pena publicarlas es escasa, pero al tiempo que nos encontramos con una gran variedad de autores, tal vez mayor en comparación a la de otras épocas, nos hallamos en una era que al difuminar las fronteras ha generado un ambiente de diálogo, ha facilitado la recepción, ha creado lectores a veces imprevistos y difíciles de medir con los parámetros y la mentalidad ya obsoletos con los que todavía se opera a veces por inercia. Por otro lado han surgido medios especializados en el género como GatopardoEtiqueta Negra o El Malpensante, cuya nacionalidad en un mundo de redes sociales importa poco. Es representativa también en términos generacionales, aunque ya sabemos que esta es una categoría porosa que ayuda poco, valga más decir que cohabitan autores cuyas edades más bien podrían dar muestra de unas experiencias, unas costumbres e idiosincracias distintas y variadas. Temáticamente también quedan representadas las diferentes inquietudes. De ese modo nos encontramos con crónicas de viaje, como la de Juan Villoro sobre Japón o la de Juan Pablo Meneses sobre cómo los sorprendió el 11S a él y su novia en Turquía, o la de Juan Gabriel Vásquez y su reportaje sobre la utopía mística de Auroville en la India, y por supuesto "Pole, Pole, de Zanzíbar a Tangánica" de Martín Caparrós, que además de ser una crónica de viaje, nos habla de uno de los precursores del género, Henry Morton Stanley, en un contrapunto interesante entre el cronista que hoy escribe y el que antes escribió sobre esa región que la civilización de la que ambos provienen trastornó para siempre. Otras, aunque son de viaje, son más íntimas y personales, como "En familia (Plaza Djema el F'na)", de María Montero.

Hay asimismo crónica cultural, en torno al cine, a la literatura y en general al arte. Jordi Costa en "Fitzcarraldo en la meseta" curiosamente acaba dialogando con Julio Villanueva Chang y "El cineasta invisible". Costa se sirve de la película para hacer un símil burlesco con el barco de Francisco Franco, el Azor, convertido en "un dinosaurio de cartón piedra" en el kilómetro 222 de la carretera Madrid-Irún. Mientras Chang tropieza con Herzog en los pasadizos del diario El Comercio de Lima y aprovecha para entrevistarlo. Una necesaria crónica de literatura y viaje es "Kafkalandia", de Rodrigo Fresán, un recorrido por la Praga neoliberal que tiene a Kafka entre sus principales atractivos turísticos a explotar. Alberto Fuguet por su parte retrata en "El díler digital" a un comerciante informal cuyos clientes, exigentes cinéfilos, prefieren sus películas al download o al streaming. "Grandes hits" de Guillem Martínez rescata algunas de las notas del libro del mismo título que recrean, con buenas dosis de cinismo y humor, la Barcelona del regreso a la democracia. En este aspecto se acerca a las crónicas de corte más costumbrista pero muy personal a la vez, íntima, como la de Jaime Bedoya, cronista realmente influyente para los peruanos de mi generación. Las columnas de Bedoya en Caretas eran uno de los platos fuertes de la revista. Bedoya se mueve entre el viaje y el diario personal, con un estilo a lo Hemingway, para trazar un cuadro del "caribe peruano". Pero los artículos que se recopilaron en su primer libro ¡Ay qué rico! (1991) solían parecerse más al de Fuguet o a la crónica de Alberto Salcedo Ramos, "El bufón de los velorios", por poner la mira en aquello que en medio de la urbe resulta atípico, bizarro, anormal.

En cuanto a la crónica política o de denuncia, Maye Primera -que recientemente publicara un artículo sobre el regreso de Duvalier a Haití- hace un análisis estremecedor de la compleja realidad haitiana tras el terremoto de 2010. Advierte que Haití era ya, antes de ello, "el epicentro de la pobreza occidental". Leila Guerriero en "El rastro de los huesos" (publicado originalmente como "La voz de los huesos") da cuenta del primer equipo forense y los testimonios de quienes participaron en él que trabajó reconociendo a los desaparecidos durante la Junta Militar argentina, bastante antes de la llegada de las técnicas de ADN. Juanita León describe la tragedia de los secuestrados por la guerrilla colombiana de las FARC. Sobre la violencia y la corrupción institucional, en este caso de la policía, trata la crónica "Cuando me muera quiero que me toquen cumbia" de Cristian Alarcón. "Cenando con Nietzsche y Fidel el 12 de enero de 2000" de Edgardo Rodríguez Juliá es quizá uno de los mejores retratos que se han escrito del comandante. En una suerte de periodismo kamikaze de corte sexual Gabriela Wiener asiste al Festival de cine erótico y se somete a lady Monique para aprender en carne propia lecciones de BDSM en "Consejos de un ama inflexible a una discípula perturbada". Desde otro ángulo y más en un descenso a los bajos fondos del comercio sexual para homosexuales, Pedro Lemebel narra una noche de caza en "Las amapolas también tienen espinas" con esa inconfundible poética que en ocasiones recuerda a la de Fernando Vallejo.

Así  pues nos hallamos ante una antología que si bien no toca todos los palos crea la sensación de hacerlo. Y una de las cosas que más destaco de la lectura es que no es lo mismo leer un artículo por separado que varios de ellos seguidos. Poco a poco uno va espiando afinidades, algunos tienen unos años y consiguen rememorar esas épocas, hacernos trazar paralelos. Se van formando verdaderos paisajes, finalmente el lector empieza a encontrarse a sí mismo, en sintonía con unos cazadores adictos de realidad que tienen al mundo entero por materia prima. Nos descubrimos en el mismo punto de partida, compartiendo la misma mirada eurocéntrica, occidental; escudriñando, de este modo, todo aquello que de nuestra "civilización" nos parece anómalo, periférico, extraño, o todo aquello que nos hace desconfiar del término, sus contradicciones, sus mentiras. Me pregunto cómo quedaría retratada en las crónicas de otros, a la espera de ese libro quedo.

@escobarulloa

Vídeos relacionados en Canal-L:


jueves, 28 de febrero de 2013

"Terror en la red 1" de Álvaro Colomer y Antonio Lozano





Terror en la red 1

El chico que vivía encerrado en una habitación

Álvaro Colomer y Antonio Lozano
Edebé, Barcelona 2012

Son indiscutibles las ventajas que ofrece internet en todos los ámbitos, especialmente a la hora de facilitar las relaciones sociales. La red ha reinventado la comunicación, pero esconde, a su vez, numerosos riesgos difíciles de controlar, especialmente en aquellos sectores de la población más vulnerables, como los niños y los adolescentes. Con una prosa ágil y manteniendo el suspense hasta el final, Álvaro Colomer (Barcelona, 1973) y Antonio Lozano (Barcelona, 1974), en su primera aventura en el género juvenil, nos narran una historia intrigante que tiene como eje vertebrador la relación de dos jóvenes en la era Facebook. Nerea y Derek, con dos carácteres totalmente opuestos, son los protagonistas de esta novela-thriller, llena de intriga, emoción y, en algunos casos, cierto terror.


"Nerea Wells quiere que la agregues como amiga"

"Hola, me llamo Nerea y te escribo porque mi hermano ha desaparecido. He encontrado tu nombre entre una serie de personas que tenía agregada a La sombra como amigo. Lo último que hizo mi hermano antes de dejar de dar señales de vida fue agregar esa Sombra a su lista de amigos. Si no me equivoco, todos los que la agregaron permanecen inactivos. Excepto tú. Por favor, ponte en contacto conmigo urgentemente. Estoy un poco asustada. Muchas gracias"

Con este mensaje, Nerea, una adolescente muy valiente y preocupada porque su hermano no responde a sus mensajes, y Derek, un chico que padece agorofobia y vive encerrado en su habitación, inician una relación que les lleva a descubir la desaparición de un grupo de jóvenes. Todos ellos tienen en común haber agregado como amigo en Facebook a La sombra. Los dos protagonistas, él desde su habitación y ella desde el mundo exterior,  llevan a cabo una investigación emocionante que permite al lector ir atando cabos en este suceso tan estremecedor.

"El conductor apagó el motor y salió de la furgoneta. Nerea no puedo verle el rostro porque no se atrevía a asomarse (...) Al principio Nerea creyó que se trataba de un saco de harina, pero, cuando vió que se movía, entendió que había alguien ahí dentro". Una de las cosas más destacadas de la novela es como consigue mantener al lector en vilo y con intriga hasta el final haciendo hincapié en la descripción de todos los detalles de los escenarios en que se producen los hechos.   

¿Pero quién puede hallarse detrás del perfil de Facebook La sombra? A medida que avanza la novela, lo descubrimos gracias a la habilidad de Derek en la red y a la valentía de Nerea que vive una auténtica aventura para salir de un centro comercial y deshacerse de su perseguidor, igual que se desvela qué se esconde detrás de la secta Koruki-ya.   

Con esta novela, Colomer y Lozano, periodistas ambos, nos enseñan la parte más peligrosa de Facebook y ponen sobre la mesa uno de los peligros de la adolescencia hoy.  Nos muestran como las identidades de las redes sociales y los hackers nos convierten en personas vulnerables frente a la red.


 @Alicia Tudela ©  2013 
            

lunes, 25 de febrero de 2013

"El horror de Dunwich" de H.P. Lovecraft


El horror de Dunwich
Howard Philips Lovecraft
Ilustraciones de Santiago Caruso
Traducción de Elvio E. Gandolfo
Libros del Zorro Rojo, Barcelona 2012   


El horror de Dunwich narra los hechos acaecidos en la aldea de Dunwich en 1928, un lugar "que ha caído en una decadencia repulsiva", contando primero la historia de Wilbur Whateley desde su nacimiento hasta su muerte, y seguidamente, la expedición de tres profesores de la Universidad de Arkham que acuden al rescate de Dunwich, donde, desde mucho tiempo atrás, han venido ocurriendo fenómenos extraños. Aún más antiguos que la genealogía de los Whateley, tras la muerte de Wilbur se han recrudecido. El ganado desaparece, se escuchan ruidos macabros en las colinas, mientras tanto los Whateley, recluidos en su granja, al margen del poblado, disparan toda clase de leyendas y suscitan todo tipo de temores. Wilbur crece desmesuradamente y ha llegado a adquirir proporciones inhumanas. Será ya adulto cuando saldrá de su encierro para dirigirse a la Universidad de Arkham en busca del libro prohibido, el Necronomicón, imprimido en España en el siglo XVII. Su propósito, robar el manuscrito, descifrarlo y abrir las puertas para el regreso de Yog-Sothoth. Ante su fracaso, sin embargo, Dunwich no queda a salvo. Algo que sacude la tierra parece no saciar su sed ni su hambre. Los profesores de Arkham están dispuestos a espantar las fuerzas que se han apoderado de Dunwich. 

Lovecraft es uno de los innovadores del relato de terror, a la zaga de Edgar Allan Poe. Aunque ignorado por sus contemporáneos es todo un clásico cuya influencia excede el ámbito de la literatura y alcanza e inspira artistas en general. Particularmente lo conocí gracias al álbum Ride the lightning de Metallica, con la canción "The call of Ktulu". Hoy en día no faltan los videojuegos que recrean sus ficciones, Call of Chathulu. Dark corners of earth, Dark seed o Quake son algunos ejemplos. En Lovecraft el terror se manifiesta en la imposibilidad humana de imaginar otras seres vivos, otros espacios, lo que encierra además toda una mística, una mitología y una cosmogonía; lo desconocido es por tanto un reto para el escritor, que se ve forzado a buscar en el lenguaje la manera de describir aquello que por naturaleza es indescriptible. Lovecraft es creador de todo un género que se ha dado en llamar terror cósmico. 

Hay que señalar, pues, dada la importancia de la obra y de su autor, el esmero de esta edición, de una  encuadernación adecuada, un papel idóneo y una traducción igualmente correcta. Las ilustraciones no solo tienen el reto de estar a la altura de la imaginación lovecraftiana, sino además al nivel del propio ilustrador, Santiago Carusso, que con cada libro se pone a sí mismo el listón cada vez más alto. Particularmente encuentro que consigue pasar la prueba y en momentos estar brillante, pero no llega al nivel de su propio trabajo en La condesa sangrienta de Alejandra Pizarnik, editado por la misma casa. 

 

Ernesto Escobar Ulloa  ©  2012

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Juan Francisco Ferré. "Karnaval"

"A partir de los años noventa, se instaló una guerra frontal entre neoliberalismo y socialdemocracia"
Vídeo en http://www.canal-l.com


 Entrevista y fotografía: Ernesto Escobar Ulloa  ©  2012

jueves, 29 de noviembre de 2012

jueves, 25 de octubre de 2012

sábado, 20 de octubre de 2012

Carta de apoyo al Jurado del Premio FIL de Literatura 2012


100 ESCRITORES Y ACADÉMICOS DE TODO EL MUNDO RESPALDAN AL JURADO DEL PREMIO FIL 2012

Firman escritores como Almudena Grandes, Diamela Eltit, William Ospina, Santiago Gamboa, Alonso Cueto, Luis García Montero, Iván Thays, Guillermo Martínez, José Ovejero y Arturo Fontaine, y académicos de las Universidades de Yale, Cambridge, Oxford, Darmouth, UCLA, Fordham, Londres, Toronto, Ontario, Compultense y Autónoma de Madrid, Salamanca, Portland, Fordham, Turín, Múnich, Postdam, Pavía, Diego Portales de Chile, San Marcos y Católica de Lima, UNAM e ITAM entre otras.

Carta de apoyo al Jurado del Premio FIL de Literatura 2012

Los firmantes sienten la obligación de defender la decisión de los jurados del Premio de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2012, México, concedido por unanimidad a Alfredo Bryce Echenique. 

El jurado del Premio FIL de Literatura 2012 ha reiterado que, de acuerdo con las bases del concurso, lo ha hecho en reconocimiento de la alta e indiscutible calidad literaria de su obra narrativa.

La campaña de prensa que algunos órganos de comunicación han emprendido en su contra nos resulta de una violencia inusitada, alarmante en una sociedad democrática, y como acto de fuerza introduciría una peligrosa persecución moral en decisiones de tipo artístico, algo sin duda ajeno a los ciudadanos de la cultura. 

16 de octubre de 2012

America latina hay dos: la sinvergüenza, que ustedes inventaron, y la auténtica, que vive de lo que ustedes ignoran

lunes, 15 de octubre de 2012

"El curioso sofá" de Edward Gorey


El curioso sofá
Obra pornográfica de Ogdred Weary
Libros del Zorro Rojo, Barcelona 2012

El curioso sofá se publicó por primera vez en 1961, el autor elaboró su pseudónimo del anagrama de su verdadero nombre, Edward Gorey, al estilo del célebre Avida Dolars de Salvador Dalí. Esta nueva edición, bella en su encuadernación, papel, tratamiento de las ilustraciones y los textos, no es la primera que hace de su obra esta editorial. El libro se lee en un momento, en una pausa del trabajo, en un trayecto de metro, o en un paseo, incluso, como me ocurrió a mí, por el Eixample. Pero su contenido, como todo buen libro, reverbera. Es sutil, ingenioso, provocador, una invitación a dar rienda suelta a la curiosidad; el autor pone al lector ante la oportunidad de poder asistir a algo que siempre se le muestra de manera incompleta. Si carecía de ellas el lector va desarrollando dotes de voyeur, aunque es desafortunado ya que siempre está mal situado o parece haber llegado a destiempo. Por otra parte el texto simplemente sugiere sin acabar de complementar lo que muestran las ilustraciones, en realidad la historia no ocurre ni en el texto ni en la imagen sino en la mente del que pasa las páginas, no es más que una manera de medir su grado de perversión. Si quieren saber cuánto mide la suya, léanlo, si son castos no verán absolutamente nada, y si no, puede que les anime a pasar a la acción. En ambos casos, se divertirán. 

jueves, 11 de octubre de 2012

Jordi Corominas. "José García"

"En estos tiempos, el literato no se moja para nada"
Entrevista a Jordi Corominas por su novela "José Garcia"

Vídeo y fotografía: Ernesto Escobar Ulloa © 2012

viernes, 7 de septiembre de 2012

jueves, 28 de junio de 2012

"Entreguerras" de J.M. Caballero Bonald



Entreguerras
J.M Caballero Bonald
Barcelona, Seix Barral, 2012

Hay un aspecto ineludible ya no solo de este libro, sino del poeta, el de concebir la poesía como una forma de vida, de modo que al mismo tiempo que surge de esta, la nutre, la guía. Sinceramente siento que es una tarea ingrata reseñar este libro, porque justamente su propósito, el de escribir unas memorias en verso -prefiero este término al de autobiografía- en gran medida se consigue, y el libro se vuelve inaprensible, disperso, inconexo, raro, en ocasiones, cansino, y en estos momentos, principalmente, es cuando de pronto vuelve a sorprender con un gran verso. Los mejores suelen ser aquellos que desentrañan una verdad, que parecen literalmente desenterrarla, de manera que la poesía se presenta también como un método de conocimiento. Y sin duda que solo gracias al lenguaje poético se llega a estas revelaciones, valiéndose de una amplísima gama de recursos, de un rico vocabulario, y sobre todo de paciencia para forjar con palabras aquellas sensaciones a veces rudimentarias de la vida diaria y convertirlas en una reflexión inteligente; ejemplos sobran: "soy el que fui cuando empecé a no saber lo que estaba haciendo", "que aún es posible corregir desde el presente el curso del pretérito", "esa promiscuidad del tiempo donde finge el azar sus tercerías", "soy aquel que aceptó ser derrotado con tal de no pecar de victorioso", "maldita sea la historia/que no aminora nunca sus pertrechos de enconos/ embelecos falacias/ se turbio registro de dictámenes que no son más que formas vengativas." Y podría seguir extrayendo ejemplos como estos toda la noche. Aunque Entreguerras no sigue un hilo argumental, los quince capítulos se dedican cada uno a un tema y eso queda meridianamente claro. Siempre hay momentos en los que el lector no debe tratar de "entender", la poesía de Caballero Bonald es a veces críptica, y como la de su admirado Góngora, esconde varias lecturas, pero esas otras lecturas que podrían escapar a quienes podrían no ir dirigidas, no tienen un propósito sectario, gremial, de contraseña, todo lo contrario, la parte autobiográfica, más íntima y personal, logra llegar al lector de manera que este, con libertad, pueda sacar de ella su propia interpretación y hacer de la lectura, de cada una de ellas, una lectura única, individual, intransferible. Ya en "Anotaciones de un viajero de paso", el prólogo a Summa Vitae, antología poética de Caballero Bonald de Jenaro Talens, leemos: "en la propuesta de Caballero Bonald nos encontramos con un modus operandi en el que la anécdota de la que parte el escritor (vivida, imaginada, leída o escuchada a un tercero, tanto da) funciona como si fuese el andamio en el que aquel se apoya para levantar su edificio y, una vez este en pie, se procede a desmontar las piezas, barras y tablones por innecesarios, dejando al lector solo frente a la obra, sin un libro de instrucciones para adentarse en su interior Y de hecho es ese desconcierto del visitante que no sabe qué territorio se va a recorrer, ni en qué orden, ni para llegar adónde, lo que constituye, a mi modo de ver, el mayor atractivo de la poesía del autor". Esta misma sentencia vale para Entreguerras, que goza de la fuerza de de una obra completa que a su vez nos invita a releer, yo lo he hecho estos días con Descrédito del héroe y Laberinto de Fortuna (Visor) o Manual de infractores (Seix Barral) y la Summa Vitae (Circulo de lectores) No veo por qué añadir lo que ya está en la nota del autor o resumir el argumento de cada parte o del conjunto, lo mejor es que lo hagan por ustedes mismos. Léanlo, imítenlo, aprendan, disfruten. EEU
https://twitter.com/escobarulloa
http://www.canal-l.com 

jueves, 14 de junio de 2012

Juan Vico. "Hobo"

"Esta novela tiene cuatro pilares: la música, el alcohol, el sexo y la culpa"
Entrevista en http://www.canal-l.com y Primer capítulo de la novela abajo:

Vídeo y fotografía: Ernesto Escobar Ulloa

miércoles, 13 de junio de 2012

Primer capítulo de la novela "Hobo", de Juan Vico



1

Alza la vista al cielo, hacia la bandada de cuervos que vuela en círculos sobre el algodonal, los observa, los vigila, los cuenta y los recuenta. Aunque las creencias de James Lunceford le impiden dar crédito a ese tipo de señales, comprende que el momento ha llegado. En efecto: apenas el sol comienza a rozar la línea del horizonte, un sombrero agitado en el aire reclama su atención mientras la noticia, saltando de boca en boca, salva con rapidez la distancia que le separa del mensajero. Sonríe y echa a correr.

La historia de la plantación Tackery se remonta a 1885, cuando el hijo de un general muerto durante la Guerra Civil decidió invertir todo su capital en la compra de unos vastos terrenos salpicados de bosques y pantanos, un escasamente atractivo pedazo de tierra virgen que se extendía treinta millas cuadradas a lo largo del río Sunflower, en pleno corazón del estado de Mississipi, en una zona conocida como la región del Delta. Con la obstinación del prototípico self-made man sureño, William Tackery taló robles, fresnos y cipreses, arrancó cañas y matorrales con sus propias manos, drenó centenares de acres hasta acondicionar su nueva propiedad y convertirla en un fértil terreno apto para el cultivo de algodón a gran escala.

La esclavitud había sido formalmente abolida con el fin de la guerra, pero los Códigos Negros promulgados por los legisladores del estado entre 1865 y 1867 dejaron sin efecto la mayoría de medidas destinadas a proporcionar los cambios necesarios para garantizar la libertad práctica de la población afroamericana. El sistema de las viejas plantaciones dio paso en poco tiempo a otro tipo de esclavitud, basada en la dependencia económica de los trabajadores respecto al propietario de los campos, quien cedía porciones de terreno, semillas y herramientas a cambio de un porcentaje abusivo de la producción obtenida de su cultivo. Con frecuencia el trabajador acababa el año debiendo dinero al terrateniente, lo que provocaba que su subordinación se perpetuase. La diferencia primordial entre la época de la esclavitud y el posterior régimen de trabajo consistía en la relativa autonomía de movimiento del arrendatario, ya que ahora podía mudarse de una a otra plantación sin excesivos problemas, siempre que las deudas no se lo impidiesen.

            La búsqueda de unas supuestas mejores condiciones laborales, de unas tierras más productivas o de un patrón menos inflexible, había llevado a James y a Anne Lunceford a trasladarse junto a sus cuatro hijos a la plantación Tackery allá por 1903. Los dos primeros años en su nuevo hogar transcurrieron sin demasiados sobresaltos, sin progresos significativos, sin penalidades que no fuesen ya conocidas: habían trabajado día a día, de sol a sol, habían engendrado a otros dos  niños, y cada domingo por la mañana se habían postrado para rogar una vida más justa.

A mediados de 1906, sin embargo, James Lunceford se vio envuelto en un turbio asunto, una disputa con unos vecinos de la plantación, los hermanos Dodds, que desembocó en una pelea de navajas a altas horas de la noche. No hubo ninguna víctima mortal, pero James creyó oportuno marcharse durante una temporada para evitar represalias por parte de la imprevisible justicia de los blancos. Durante tres o cuatro meses permaneció en una pequeña localidad próxima a Memphis, esperando a que las cosas se calmaran en Tackery, trabajando en lo que salía y enviando cuando era posible algo de dinero a casa.

Sábado por la noche, principios de julio, un calor pegajoso cubre las tierras del honorable William. Gran parte de los hombres y mujeres jóvenes de la plantación beben, ríen y bailan, bromean y se provocan, se seducen o se pelean en alguna de las numerosas fiestas improvisadas en sus alrededores. En la cabaña de la familia Lunceford, en cambio, se congrega un reducido número de personas expectantes ante un acontecimiento bien distinto al de los juke joints semanales. La partera llega al fin, el nuevo hijo de la familia va a nacer de un momento a otro. No se trata, por demás, de un parto cualquiera, sino del alumbramiento del séptimo hijo de un séptimo hijo, circunstancia que, según la tradición, augura una vida excepcional al ser que está a punto de llegar al mundo. Siete minutos después de la medianoche, recién inaugurado el 7 de julio de 1907, un bebé pequeño y de piel algo clara irrumpe en la vida de los Lunceford con un grito desgarrador que enseguida da paso a un llanto más pausado, pero igualmente penetrante, prolongado con intermitencias a lo largo de toda la madrugada.

Apretones de manos y abrazos, risas, frases hechas y gracias al cielo. Luego los vecinos van volviendo a sus casas poco a poco. Anne hace rato que duerme exhausta por el esfuerzo, los niños se resisten a acostarse, aunque al final ceden. El padre sigue despierto, fumando junto a la puerta de la cabaña, desviando la vista a menudo hacia su mujer y hacia el pequeño, que ahora mismo también está dormido. Por muchos hijos que se tengan, piensa el bueno de James, uno sigue emocionándose como la primera vez.

En esta ocasión, no obstante, a la ternura y al orgullo se le ha sumado un compañero indeseable, un fantasma alimentado por ciertas habladurías que ha venido acechándole durante los últimos meses para darle alcance justo ahora. Chismes que conciernen  a su temporada en Memphis o, más bien, a lo que pudo haber ocurrido en el hogar durante su ausencia, cuando Anne y sus dos hijos mayores, absolutamente desbordados por el trabajo, procuraban recibir toda la ayuda posible en las tareas de recolección, en algunas ocasiones por parte de jornaleros de paso, en otras por parte de algún vecino compasivo. Según esos rumores, Nathan Henderson, patriarca de una conocida familia de músicos locales, y cuyos hijos ilegítimos, según se dice, se cuentan por docenas, no habría tardado en aparecer por allá para ofrecer, en sus propias palabras, la ayuda de una espalda fuerte a tan bella dama. Ayuda desinteresada, por supuesto, la de un buen vecino y mejor cristiano.

James ha buscado y rebuscado en el rostro del recién nacido cualquier rasgo que le recordara a sí mismo. Por desgracia, no sabe con seguridad si su mujer estaba ya embarazada cuando él regresó a Tackery, nueve meses atrás. Con ese pensamiento atormentando su mente, alza la vista para descubrir una enorme luna llena apareciendo tras una nube y, tras velarla de nuevo con el humo de una última bocanada, quedarse mirándola fijamente, como si sólo ella pudiera ofrecerle una respuesta.

 Juan Vico © 2012 Queda prohibida su reproduccióny distribución sin el consetimiento del autor

Juan Vico (Badalona, 1975) es licenciado en Comunicación Audiovisual y máster en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Ha publicado los libros de poemas Víspera de ayer (Pre-Textos, 2005) y Still Life (UAB, 2011), así como los cuadernos Gozne (2009) y Densidad de abandono (2011). Colabora con artículos sobre literatura y cine en diversas revistas culturales. Hobo es su primera novela.

lunes, 11 de junio de 2012

"La civilización del espectáculo" de Mario Vargas Llosa


La civilización del espectáculo
Mario Vargas Llosa
Alfaguara, Madrid 2012

Antes de nada convendría señalar la admiración que siempre me ha merecido Mario Vargas Llosa, tanto como novelista, ensayista, y como intelectual. Es en la tercera de estas facetas donde recaería mi admiración más por la persona que por el escritor profesional. Esto se basa en la autenticidad de sus opiniones, dictadas por la independencia, a diferencia de la marea de pseudointelectuales que prefieren alquilarla al servicio de las causas justas, aquellas sobre las que no hay voces discordantes, con el fin de crearse una imagen invulnerable, siempre a salvo de las consabidas etiquetas a las que se arriesgan los que dicen lo que realmente piensan en circunstancias donde hay que jugársela. Es alto el precio que se paga. Un buen ejemplo es Albert Camus, cuyos artículos y ensayos, pese al paso del tiempo, mantienen hoy una vigencia asombrosa.

            Quería hacer esta introducción porque con La civilización del espectáculo, en general, son más las discrepancias que las avenencias. Solo mi admiración por el personaje me lleva a tratar de comprender su punto de vista, respetarlo y publicar mis propias ideas al respecto.

            En mi opinión, los mayores defectos que encuentro en el libro son su dispersión, su falta de coherencia interna y una tendencia a generalizar, lo que evidencia una especie de temor atávico por un enemigo ilocalizable, por un fantasma. Vargas Llosa es implacable y riguroso cuando identifica claramente al enemigo y sus dogmas, léanse, por ejemplo, sus memorias El pez en el agua. O cuando celebra sus amores literarios, La orgía perpetua o La verdad de las mentiras. Pero es errático, disperso y generalizador cuando lo que pretende denunciar se sitúa en la parcela de sus aversiones, y ahí tenemos La utopía arcaica o el libro que hoy nos toca.

            Para empezar, parte importante de la bibliografía debió servir para sustentar ideas de fondo a lo largo del libro, y no para servir de base sobre la que se asiente gran parte de la argumentación. Al tratarse de un ensayo debería más bien dialogar con otros ensayos contemporáneos sobre el tema. Pero el libro se inicia pasando revista a "algunos de los ensayos que en las últimas décadas abordaron este asunto". ¡Las últimas décadas!: Notes Towards the Definition of Culture de T.S. Eliot ¡es de 1948! A continuación se ocupa de la respuesta a dicho ensayo: In Bluebeard's Castle. Some Notes Towards the Definition of Culture de George Steiner, publicado hace más de 40 años, en 1971. Con el primero, defiende el concepto de "jerarquías culturales" como única manera de garantizar la calidad de la alta cultura. Y se sirve del segundo para denunciar el peligro que corre la cultura al replegarse al ámbito académico y retirarle así poder a la palabra, cediéndoselo a la imagen o la música. Seguidamente se ocupa de La societé du Spectacle de Guy Debord ¡de 1967! para imputar al capitalismo la conversión de la producción cultural en una mera mercancía, proceso que hace de la vida una pura representación.  El siguiente ensayo que aborda es por fin contemporáneo, La cultura-mundo. Respuesta a una sociedad desorientada de Gilles Lipovetsky y Jean Serroy (2010),  del que destaca ideas como el surgimiento de una cultura de masas global, la entronización de la pantalla como su canal principal y la capacidad de esta para promover un individualismo salvaje. Finalmente, con Cultura Mainstream de Fréderic Martel (2010), esboza prácticamente la idea central del ensayo: "La inmensa mayoría del género humano no practica, consume ni produce hoy otra forma de cultura que aquella, que antes, era considerada por los sectores culturales, de manera despectiva, mero pasatiempo popular, sin parentesco alguno con las actividades intelectuales, artísticas y literarias que constituían la cultura. Ésta ya murió, aunque sobreviva en pequeños nichos sociales, sin influencia alguna sobre el mainstream." ( ) "La cultura es divertida y lo que no es divertido no es cultura."

            No comparto el concepto de "jerarquías culturales" que sí comparten muchos autores jóvenes, como Volpi, Gamboa o Carrión, que abogan, por ejemplo, por una crítica literaria que "jerarquice", "cribe" y finalmente "guíe" al lector hacia la buena literatura dentro de la vorágine del mercado. Primero, no veo por qué la crítica dejaría de hacer algo que siempre ha hecho (según Vargas Llosa esa era la crítica de "nuestros abuelos y bisabuelos") y segundo, creo que deberían ser los propios lectores (y en gran medida lo son) los que, gracias a su educación básica, sepan distinguir ellos mismos la literatura con mayúsculas de la comercial. Respecto a que la palabra haya cedido lugar a la imagen, esto depende mucho de los soportes de los que estemos hablando, si se trata de los libros o el libro electrónico, estamos muy lejos de que esto suceda o haya sucedido de un modo preocupante. La prueba es que críticos como Vicente Luis Mora no se lamentarían del rechazo que suscita aún hoy compaginar imagen y palabra.

            Probablemente haya un repliegue de la cultura al ámbito académico, pero resulta espinoso demostrarlo, sobre todo cuando uno vive en la turbulenta actualidad, "selva promiscua" en palabras del autor. Según Vargas Llosa, el vacío dejado por la desaparición de la crítica ha permitido que, insensiblemente, lo haya llenado la publicidad. Tampoco me parece que esto sea del todo cierto. Si hablamos de España, existen muchos medios serios, y algunos de masas, en donde se hace crítica con seriedad, pero además, los hay en Internet. Como recalca Jordi Gracia, en su excelente ensayo El intelectual melancólico, nunca la alta cultura ha gozado de tanta atención de parte de los medios, medianos y pequeños, incluso minúsculos, como podrían ser los blogs. Por otra parte, el asunto de haberse vendido la cultura a los "vaivenes del mercado", si tiene algún culpable, ¿no es acaso el liberalismo económico que con tanta convicción ha defendido el autor? Que conste que sigo compartiendo gran parte de la ideología, pero no cabe duda de que aquí deberíamos empezar por la autocrítica. La crisis de valores que afectaría a la cultura y que sin duda es culpable de la actual crisis financiera, ha sido en gran medida gestada por ese entusiasmo y confianza ciega en el mercado del que hemos pecado los liberales. Sin embargo, ni una línea al respecto en todo el libro.

            Otra de las críticas se dirige hacia el olvido que incentivan la música, los conciertos multitudinarios y los deportes de masas. Totalmente en desacuerdo. Qué duda cabe de que el fútbol y los conciertos (de cada vez menos intérpretes) llegan a ser multitudinarios, pero si fomentan el olvido este no traspasa las barreras temporales en los que estos espectáculos tienen lugar. No diría que Javier Marías, que es madridista, ni Juan Villoro, culé, conforman el grupo de los desmemoriados por su afición al fútbol. Ni que al escritor chileno Roberto Bolaño, que escuchando heavy metal a todo volumen creó una obra que el propio Vargas Llosa ha elogiado, se le pueda acusar de amnésico.

            Ahora, parcialmente de acuerdo con estas líneas: "el intelectual se ha esfumado de los debates públicos, por lo menos de los que importan. Es verdad que todavía algunos firman manifiestos, envían cartas a los diarios y se enzarzan en polémicas, pero nada de ello tiene repercusión seria en la marcha de la sociedad, cuyos asuntos económicos, institucionales e incluso culturales se deciden por el poder político y administrativo y los llamados poderes fácticos, entre los cuales los intelectuales brillan por su ausencia." No dudo de que esto sea en parte cierto, sobre todo si viene de alguien que ha llegado a ser candidato a la presidencia del Perú, "el oficio más peligroso del mundo" (El pez en el agua, 1993)  Es verdad que lo que antes denominábamos "intelectual comprometido" es hoy una figura que escasea en la comunidad literaria, que si aboga por un compromiso este se ha de practicar con la obra y no fuera de ella, y menos a manera de participación pública en la arena política. Tal vez esto se deba a que la juventud asocia la imagen de intelectual con la caspa y la polilla, lo cual a mí también me parece un error. Muchos de los escritores jóvenes, si participan, rara vez lo hacen en terrenos polémicos. Como he dicho antes, se manifiestan cuando poco está en juego, por ejemplo, denuncian la violencia, los recortes, los toros y cosas sobre las que hay un acuerdo al menos en la comunidad intelectual. Y eso que Vargas Llosa no está en las redes sociales, donde muchas de dichas manifestaciones suelen practicarse a través del cinismo, la broma y la frivolidad. El resto es echarse caspa a los hombros. Pero de ello son culpables algunos intelectuales también, por ejemplo Gunter Grass, cuyos desaciertos y extravíos los lleva a veces a defender y decir barbaridades. El mismo Vargas Llosa defendía la lucha armada en sus años revolucionarios. Lo cual demuestra que tampoco en esa época se les hacía mucho caso a los intelectuales.

            El mejor capítulo es el titulado "Prohibido prohibir", que localiza de manera más acertada un enemigo: los intelectuales surgidos tras el mayo del 68, como Derrida, Foucault, Barthes, Lacan, Kristeva: "No es de extrañar que, luego de la influencia que ha ejercido la deconstrucción en tantas universidades occidentales (y, de manera especial, en los Estados Unidos) los departamentos de literatura se vayan quedando vacíos de alumnos, se filtren en ellos tantos embaucadores, y que haya cada vez menos lectores no especializados para los libros de crítica literaria". Es en estas páginas donde Vargas Llosa desarrolla y contagia mejor sus convicciones. Si el ensayo se hubiera centrado y ordenado en torno a ampliar las zonas de las que habla este capítulo sin duda hubiera sido más acertado. Y brillante. "Responsabilidad e inteligibilidad van parejas con una cierta concepción de la crítica literaria, con el convencimiento de que el ámbito de la literatura abarca toda la experiencia humana." Y continúa: "si se piensa que la función de la literatura es solo contribuir a la inflación retórica de un dominio especializado de conocimiento, y que los poemas, las novelas, los dramas proliferan con el único objeto de producir ciertos desordenamientos formales en el cuerpo lingüístico, el crítico puede, a la manera de tantos postmodernos, entregarse impunemente a los placeres del desatino conceptual y la tiniebla expresiva." Sin duda, el alejamiento de la alta cultura del gran público se debe en grandes dosis al uso del lenguaje de la contraseña, de la erudición aislada, de la especialización como camino a lo ininteligible. En un mundo donde la imagen es crucial, correr a buscarse una con glamour puede explicar esta actitud.

            De todos modos, no veo que conexión pueda tener esto con el fenómeno del espectáculo. También encuentro forzado hablar de religión, prensa rosa y erotismo, estas páginas sobran, son redundantes y a veces machaconas. El lector se acaba preguntando quiénes son los culpables del desbarajuste, si la televisión, la prensa, los intelectuales, todos. No queda nada claro.

            En el capítulo "Cultura, política y poder" a las opiniones solo las sustenta el fraseo y no unas pruebas, unas estadísticas, una bibliografía, unos ejemplos sólidos. ¿Es cierto que hay un desgaste de la honestidad política? ¿No será que hoy están más expuestos al ojo público de unos ciudadanos más exigentes y mejor informados?  Sobre el periodismo escandaloso, Vargas Llosa afirma: "No hemos llegado a esta situación por las maquinaciones tenebrosas de unos propietarios de periódicos o canales de televisión ávidos de ganar dinero, que explotan las bajas pasiones de la gente con total irresponsabilidad. Esta es la consecuencia, no la causa. ( ) La raíz del fenómeno está en la cultura. Mejor dicho, en la banalización de la cultura imperante, en la que el valor supremo es ahora divertirse y divertir, por encima de toda otra forma de conocimiento o ideal. La gente abre un periódico, va al cine, enciende la televisión o compra un libro para pasarla bien, en el sentido más ligero de la palabra, no para martirizarse el cerebro con preocupaciones, problemas, dudas. ( ) ¿Y hay algo más divertido que espiar la intimidad del prójimo, sorprender a un ministro o un parlamentario en calzoncillos, averiguar escándalos sexuales de un juez. ( ) La prensa sensacionalista no corrompe a nadie, nace corrompida por una cultura que, en vez de rechazar las groseras intromisiones en la vida privada de las gentes, las reclama." Todas estas opiniones, como digo, sería bueno que fueran sustentadas por unos datos, puede que sean verdaderas pero da la impresión de que se mezclan papas con camotes. Recuerdo que sobre el escándalo Levintsky, Vargas Llosa explicó que los medios estadounidenses hacían bien en sacar los trapos sucios del presidente Clinton. Que los políticos estén bajo el ojo público es sano y lo es más que puedan ser atacados, incluso por las maneras menos serias, las que apelan al humor y a veces a la vulgaridad, porque estas ponen a prueba mejor que las otras el genuino derecho ciudadano de ejercer la libertad de expresión, la sátira de la Roma imperial es esencialmente hija de esta actitud.

            El espectáculo parece no ser realmente el fantasma, sino la sábana que lo cubre. El fantasma que asusta a Vargas Llosa no es otro que este nuevo mundo en el que la democratización de la cultura no es lo que los hombres y mujeres de su generación soñaron, sino algo más burdo y vulgar, exento de refinamiento, irrespetuoso con la autoridad, penosamente frívolo, sumamente vertiginoso y acumulador, lleno de deficiencias y vacíos, y cuyos productos más que nacer se abortan en la vorágine del mercado y el ritmo frenético del capitalismo salvaje, un objeto, un artefacto, que en lugar de convicciones solo trasmite incertidumbres, poses y embustes con una grosería que no tiene límites. Pero solo ver ese lado es volverse presa de la ceguera, el pesimismo y la nostalgia. El problema sí tiene solución, y consiste en mirar también al otro lado, aquel en donde mucha cultura se hace con rigor, y sus hacedores ejercen su derecho a elegir por ellos mismos, a discernir y consumir lo que sí vale la pena, que no es tan poco como algunos piensan, y a fomentar un pensamiento crítico y autocrítico, y seguir dando batalla anteponiendo un compromiso ético y una opinión propia, cueste lo que cueste. Entiendo que este es el propósito del libro, lo leo entre líneas pero no de manera clara y desembozada, y lo lamento, porque la pluma de Vargas Llosa habría sido muy útil para hacer frente al problema. Y aún no estoy tan seguro de que, al menos por los comentarios que ha suscitado, no lo haya sido. Ernesto Escobar Ulloa https://twitter.com/#!/escobarulloa

jueves, 31 de mayo de 2012

Andrés Barba. "Ha dejado de llover"

"Me resulta más difícil hablar del mundo
sentimental masculino que del femenino"

Vídeo y fotográfía de Ernesto Escobar Ulloa

miércoles, 23 de mayo de 2012

viernes, 18 de mayo de 2012

Juan Villoro. "Arrecife"

"Hoy en día estamos en un estado de dopaje tecnológico clarísimo"

Vídeo de Ernesto Escobar Ulloa
Imagen: Detalle de la foto de portada: Red Circle Images RM

martes, 8 de mayo de 2012

Amélie Nothomb. "Una forma de vida"

"La guerra moderna engorda" 
La autora belga nacida en Kobe presentó su última novela ante 
la prensa en el Instituto Francés de Barcelona. Vídeo en http://www.canal-l.com

Foto: Amélie Nothomb y Jorge Herralde

Foto y vídeo de Ernesto Escobar Ulloa

martes, 1 de mayo de 2012

La librería Pequod y Canal-L en Piñata Punyeta

Participamos en la charla que el laboratorio creativo Piñata Punyeta organizó en honor a la librería Pequod, que tanto ha animado el ambientillo literario de Gràcia.

En la imagen de derecha a izquierda: Consuelo Gallego de Pequod, Ernesto Escobar Ulloa de Canal-L y Cris de Piñata Punyeta

http://www.canal-l.com

jueves, 26 de abril de 2012

XL Premio Anagrama de Ensayo

"Atacar a aquellos que son como tú, esa es la auténtica literatura actual" 

Hoy se entregó el XL Premio Anagrama de Ensayo a José Ovejero por La ética de la crueldad, que saldrá a la venta a mediados del mes próximo. En la nota de prensa distribuida por la editorial, entre otras cosas, se recalca: "hay una crueldad que no satisface el morbo del espectador ni corteja sus valores, sino que los confronta con sus hipocresías, sus miserias, sus mezquindades. Es ética en el sentido de que pretende una transformación del lector, aunque a veces tenga que agredirle para ello: no le ofrece certidumbres sino lo contrario. El ensayo finalista fue Atlas portátil de América Latina de Graciela Esperanza.

Foto y video-entrevista: Ernesto Escobar Ulloa


miércoles, 25 de abril de 2012

XL PREMIO ANAGRAMA DE ENSAYO (2012)


El Premio Anagrama de Ensayo, en su cuadragésima convocatoria, se fallará el jueves 26 de abril. El jurado está compuesto por Salvador Clotas, Román Gubern, Xavier Rubert de Ventós, Fernando Savater, Vicente Verdú y el editor Jorge Herralde, y la dotación es de 8.000 euros.
Se han recibido 131 originales, de los que se ha efectuado una selección de 8:
 Museo O, Luis Bagué Quílez, España.
Desgraciados demócratas, Selina Bustamante Porras Ysla Fernández, España.
La ética de la crueldad, Lord Edmund (pseudónimo), España.
Atlas portátil de América Latina, Agnes S. (pseudónimo), Argentina.
La Revolución Asexual, Mateo Sancho Cardiel, España
Alta cultura descafeinada, Alberto Santamaría, España.
La Bolsa y la Vida, María Socorro Suárez Lafuente, España.
Pasajes de Proteo, Nova Tarko (pseudónimo), Colombia.


Premio Anagrama 2011

martes, 24 de abril de 2012

15ª Aniversario de The Barcelona Review

Acaba de salir el último número de The Barcelona Review
que este Sant Jordi ha cumplido su 15º Aniversario en la red. 

Ilustración: Kasinee Nilpakyac